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29 presos escapan de prisiones en Estados Unidos en 18 meses

En los últimos 18 meses, 29 presos se han fugado de centros penitenciarios federales de todo Estados Unidos y casi la mitad de ellos aún no han sido recapturados. En algunas instituciones, las puertas se dejan sin cerrojo, las cámaras de seguridad no funcionan y a los funcionarios a veces les lleva horas advertir que un recluso ha desaparecido.

En uno de los centros de reclusión de Texas, la seguridad es tan laxa que los agentes de la ley locales bromean en privado sobre su aparente “política de puertas abiertas”.

Hay presos que se han fugado de los centros penitenciarios en casi todas las regiones del país. Doce de los reclusos que se fugaron en 2020 -de prisiones de Florida, California, Luisiana, Texas y Colorado– siguen prófugos.

Otros dos que escaparon en enero de este año tampoco han sido capturados aún. Sus delitos incluyen asociación ilícita, fraude electrónico, robo de bancos, posesión de metanfetamina y posesión con intención de distribuir metanfetamina y otras drogas.

Todas las fugas se produjeron en prisiones federales de mínima seguridad, algunas de las cuales ni siquiera tienen cercos y albergan a reclusos que la Oficina de Prisiones considera de mínimo riesgo de seguridad.

Sede del la oficina de de Prisiones del Departamento de Justicia. Foto: AP

Sede del la oficina de de Prisiones del Departamento de Justicia. Foto: AP

“Cualquiera puede escapar de cualquier lugar de confinamiento en cualquier momento de cualquier día”, dijo Jack Donson, asesor carcelario y ex gestor de casos en una prisión federal de Otisville, Nueva York.

No son instalaciones seguras. No tienen cercos ni detectores de metales”.

Ni la función más básica

Las cifras suscitan la seria preocupación de que el organismo, afectado desde hace tiempo por una mala gestión crónica, comportamientos indebidos y una grave crisis de personal, esté fracasando en cumplir con su función más básica: mantener a los presos en la cárcel.

Aunque un informe presupuestario del Departamento de Justicia presentado ante el Congreso indica que la Oficina de Prisiones no ha tenido fugas de instalaciones seguras, no cuenta a los que se escapan de las cárceles o los centros de confinamiento de mínima seguridad.

Los funcionarios federales a menudo se refieren a ellos como “walk-aways”, pese a que se trata de una fuga de una cárcel federal conforme a la ley y los funcionarios policiales sostienen que sigue habiendo riesgos para la comunidad cuando un recluso se escapa.

Las prisiones federales de mínima seguridad se diseñaron originalmente con poca seguridad para facilitar las operaciones y permitir que los reclusos encargados de realizar trabajos como jardinería y mantenimiento no tengan que atravesar controles repetidas veces para entrar y salir de las instalaciones principales de la prisión.

Salir a buscar drogas y volver

Sin embargo, esta seguridad laxa no sólo ha abierto una puerta al contrabando, sino que también es el origen de la mayoría de las fugas del sistema penitenciario.

Aparte de las fugas de Texas, los agentes penitenciarios también han descubierto que los reclusos salen del predio de la prisión para recoger drogas y otro tipo de contrabando que se deja en los bosques y luego llevan consigo los artículos ilegales al interior del penal.

Es habitual en el correccional federal de Beaumont que haya autos que dejan drogas, teléfonos celulares y otro tipo de contrabando en el bosque para que los reclusos se escapen de la prisión por la noche y recojan los artículos antes de volver a entrar a escondidas, según un funcionario penitenciario con conocimiento del tema.

El funcionario no estaba autorizado a hacer declaraciones públicas sobre las investigaciones y habló con The Associated Press bajo condición de anonimato.

A diferencia de las prisiones de máxima seguridad, las cárceles No tienen cercos ni detectores de metales. Foto: AP

A diferencia de las prisiones de máxima seguridad, las cárceles No tienen cercos ni detectores de metales. Foto: AP

Las fugas de Texas, al menos, han llamado la atención del inspector general del Departamento de Justicia. La oficina emitió esta semana un memorando en el que se destacan las evidentes deficiencias de seguridad de Beaumont y otras instituciones correccionales federales de mínima seguridad.

En un caso, cuatro reclusos se escabulleron y su ausencia pasó inadvertida durante más de doce horas, a pesar de que los funcionarios de la prisión realizaron tres recuentos de reclusos durante la noche en ese lapso, según un informe del inspector general. Los reclusos colocaron maniquíes en sus camas para engañar a los agentes penitenciarios, según el informe.

“Son instalaciones muy pequeñas y poco seguras”, dijo Cameron Lindsay, director de la Oficina de Prisiones retirado que ahora declara como testigo experto en asuntos penitenciarios.

Debido a su tamaño y al bajo riesgo que, en general, suponen los reclusos, las prisiones federales de mínima seguridad suelen tener los niveles más bajos de personal del sistema de la Oficina de Prisiones. A veces hay un solo oficial por turno para supervisar a los reclusos, señaló Lindsay.

En un comunicado, la Oficina de Prisiones dijo que se esfuerza por garantizar la seguridad en cada uno de sus correccionales y que, cuando un recluso “se escapa” de una prisión, los funcionarios lo notifican a otros organismos de seguridad y a los medios de comunicación.

El organismo subrayó que los reclusos que son ubicados en las instituciones de mínima seguridad son los delincuentes menos peligrosos que “suponen un riesgo mínimo para la comunidad” y que generalmente se les permite participar en programas de trabajo al aire libre y otras iniciativas.

“La Oficina de Prisiones se mantiene atenta en sus esfuerzos para lograr que las instituciones sean seguras en todo momento”, dijo el organismo. Los funcionarios expresaron que se lleva a cabo una revisión después de cada fuga para determinar “si existe alguna debilidad en la seguridad y, si se justifica, se toman medidas correctivas”.

La Oficina de Prisiones lleva años sufriendo violencia crónica, importantes problemas de seguridad y una persistente escasez de personal. Foto: AP

La Oficina de Prisiones lleva años sufriendo violencia crónica, importantes problemas de seguridad y una persistente escasez de personal. Foto: AP

Los funcionarios dijeron que en Beaumont están construyendo un cerco alrededor de la prisión, reparando las alarmas de las puertas que están rotas, añadiendo y mejorando las cámaras de video y colocando luces adicionales. El organismo informó que también está evaluando la posibilidad de sumar más personal en algunos correccionales de mínima seguridad.

“Tomamos muy en serio nuestro deber de proteger a las personas que se nos confían, así como de mantener la seguridad del personal penitenciario y la comunidad”, dijeron los funcionarios del organismo en el comunicado.

La Oficina de Prisiones lleva años sufriendo violencia crónica, importantes problemas de seguridad y una persistente escasez de personal. AP informó el mes pasado que casi un tercio de los puestos de agentes penitenciarios federales en Estados Unidos están vacantes, lo que obliga a las cárceles a recurrir a los cocineros, los docentes, los enfermeros y otros trabajadores para vigilar a los reclusos.

El uso extendido de esa práctica plantea dudas respecto a si el organismo puede cumplir con las tareas necesarias para garantizar la seguridad de los presos y los miembros del personal al tiempo que implementa los programas y las clases que le exige la ley.

La Oficina de Prisiones insiste en que, con su última iniciativa de contratación, está incorporando personal adicional para cubrir las carencias.

Associated Press

Traducción: Elisa Carnelli


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