Dialogamos con el escritor portugués João Tordo

En agosto de 2016, el escritor portugués João Tordo (Lisboa, 1975) aterrizó por primera vez en nuestro país. Fue una visita breve que dejó, por diversas razones, sabor a poco.

Estrella en ascenso en el firmamento de la literatura lusa, el autor no tenía entonces obras traducidas al español, y era un perfecto desconocido por estos lares. Además, su llegada se produjo en el marco de la Semana Negra, evento anual dedicado a la literatura policial, género que Tordo no cultiva, al menos en un sentido estricto.

Ahora, en coincidencia con una nueva edición de la Feria del Libro de Montevideo, llegó la hora de la revancha. El escritor regresó a Uruguay y trajo bajo el brazo su primera obra traducida a nuestra lengua. Se trata de Las Tres Vidas (traducida y publicada por la porteña editorial CrackUp), una novela de gran relevancia en su trayectoria, ya que con ella ganó en el año 2009 el prestigioso Premio José Saramago, espaldarazo definitivo para ponerse los "pantalones largos" en el ámbito literario de su país.

Una imagen atravesada en la cabeza

El génesis de Las Tres Vidas no fue una epifanía como la de Newton y la manzana, ni la ponderada decisión de escribir "algo sobre alguna cosa", sino una imagen que apareció un poco de la nada y se clavó en la mente del autor.

"La primera imagen que tuve fue de una niña caminando en una cuerda floja. Esa imagen estuvo conmigo por muchos meses y yo no sabría exactamente decir por qué", cuenta Tordo en diálogo con Montevideo Portal.

Eso ocurrió a mitad de la década pasada, y por entonces el autor se dio a estudiar la vida de Phillipe Petit, el hombre que en 1974 caminó por un alambre extendido entre las Torres Gemelas de Nueva York. La figura de Petit cobró gran fama en 2010 gracias a un documental sobre su hazaña, que recibió un Premio Oscar.

Sin embargo, cinco año antes, Tordo ya estaba "investigando la vida de los funámbulos, porque me apasiona y me parece una metáfora muy interesante para la vida. Te lanzas a una travesía en una cuerda floja y no sabes si llegarás o caerás, en qué punto puede sobrevenir el miedo y hacer que te detengas y te preguntes '¿qué estoy haciendo aquí?' Los funámbulos son muy interesantes por eso, porque parecen no tener miedo de lo desconocido, del abismo", explica.

Hasta ese momento, "sólo había escrito dos novelas breves, de no más de doscientas páginas cada una, era un escritor desconocido en Portugal y quería escribir algo de aliento más largo, y la imagen era muy fuerte, entonces creé un personaje a partir de ahí, Camila (uno de los personajes centrales), pero no sabía qué hacer con ella", agrega.

Así, y como si se tratara de seguir a Camila en su travesía por el alambre, Tordo inició un recorrido interior donde fue hallando el resto del elenco de Las Tres Vidas, especialmente los tres personajes de mayor relevancia además de la muchacha ya mencionada. Antonio Millhouse Pascal, el enigmático y acaudalado abuelo de Camila, que se dedica a una misteriosa actividad para una misteriosa clientela en un lugar todavía más enigmático: la Quinta del Tiempo. También el anónimo narrador de la obra, un joven perteneciente a una familia de clase media empobrecida, quien comienza a trabajar para Millhouse empujado por la necesidad y por azares que quizá no sean tales, y por último el severo y hasta brutal Artur, un jardinero con atribuciones que van mucho más allá de las tijeras de podar.

"Yo quería que fuese al mismo tiempo una historia metafísica y de amor, algo que parece casi imposible de combinar en una novela, pero estaba dispuesto a intentarlo", detalla el autor.
"El primer borrador me llevó como seis meses, luego pasé otros seis sólo reescribiendo ese borrador, y entonces no sabía si era una buena o mala novela", dice. Y, al igual que los funámbulos, debió atravesar "esa sensación de lo desconocido, de correr riesgos , fue la primera vez que, como escritor, me puse en una situación tan poco confortable, pero creo que todo novelista debe intentarlo en cierto punto de su carrera", asegura.

"Paré con todo y me dije a mí mismo que escribiría una obra de mayor amplitud, porque si no lo hacía, nunca iba a saber si era o no un novelista", explica. Y la experiencia fue todo un éxito. "Esta novela y el Premio Saramago le abrieron las puertas a mi obra fuera del país, mis libros empezaron a traducirse, y desde entonces he escrito otras diez novelas. Por eso tengo con este libro una especial relación emocional", admite.

Gente en su sitio

La mayor parte de la acción de Las Tres Vidas transcurre en la ya mencionada Quinta del Tiempo, un sitio tan enigmático como las personas y acontecimientos que alberga. Si bien se trata de un sitio ficticio, está inspirado en un paraje auténtico que el autor buscó de manera deliberada.

"Estaba escribiendo en el sur de Portugal, en la casa de mis padres, y en cierto momento tuve que definir un escenario para la novela, y no quería que fuera Lisboa ni ninguna ciudad. Mi idea era que, al menos la primera parte, transcurriera en un lugar apartado. Me subí al coche y pasé varios días viajando", recuerda.

Esa especie de rally literario lo llevó a meterse en los rincones más escondidos del Alentejo, una región agrícola, escasamente poblada y más bien pobre, que ya José Saramago cantara en su novela Levantado del suelo.

Además de lo antedicho, el Alentejo posee otras particularidades.

"Es la región de Portugal donde surgió la sublevación contra la dictadura", dice Tordo, en referencia al régimen conocido como Estado Novo, que rigió durante más de cuarenta años los destinos del país, hasta que la Revolución de los Claveles (abril de 1974) le puso fin de manera incruenta en un solo día. En esa zona del país nació José Salgueiro Maia, cabecilla del alzamiento, y "es la única parte del país donde todavía todo el mundo vota al Partido Comunista".

En su búsqueda, Tordo llegó a Santiago de Cacém, lugar que describe como "un pueblo dormido, donde sientes el calor golpear. Un pueblo donde pasas en coche a las tres de la tarde y no ves a nadie, es como un pueblo fantasma". A unos veinte kilómetros de allí encontró una quinta abandonada. "En ese momento el lugar estaba en ruinas, pero pensé que en 1981 (momento en que transcurre lo principal de la acción) bien podría estar habitado, y encontré la geografía que necesitaba para el libro".

Por otra parte, al autor le resultó interesante que en esa zona "último reducto portugués donde el comunismo es todavía la forma política más aceptada, introducir un personaje que fuera lo opuesto a eso". Efectivamente, perseguido por un pasado tormentoso, Millhouse es un ferviente anticomunista, algo que el inexperto narrador no parece notar al comienzo y sobre lo que es informado por Camila, nieta de su jefe. "Ten cuidado con mi abuelo. Él es un fascista. Y los fascistas son mucho más peligrosos y seductores que los comunistas y que el resto de las personas, porque saben desde el principio de lo que son capaces", le advierte la muchacha de la cuerda floja.

Atención personalizada

Pese a convivir con Millhouse y su mayordomo Artur en la Quinta del Tiempo, para el narrador resulta un auténtico enigma lo que sucede en la casa. Especialmente cuáles son los extraños servicios que su jefe ofrece a sus igualmente extraños clientes, una tropa selecta, internacional y variopinta que parece tener sólo un par de elementos en común: el ser gente tan acaudalada como atormentada.

"Yo quería que Millhouse fuera un personaje muy enigmático y cuya profesión no fuera obvia. No es un mentalista en sentido estricto sino un filosofo, un manipulador, un hombre muy culto y , por encima de todo, con mucha experiencia", explica.

"Mucho de lo que se hace en la ficción es por contraste, mediante personajes muy diferentes que entran en una suerte de conflicto. En este caso, el conflicto que se da desde el comienzo de la novela es del narrador, que es muy joven, ingenuo, inocente, y ve a Millhouse como a un maestro pero también como una amenaza. El contraste entre un hombre que sabe muchas cosas y uno que no sabe nada resulta fascinante, es casi como un Karate Kid, pero en un sentido intelectual", afirma entre risas.

Entre el respeto y el temor, el joven narrador va leyendo una serie de libros indicados por su mentor. Uno de ellos es 1984, la distópica novela de George Orwell que suele considerarse como una suerte de profético vaticinio del mundo en que hoy vivimos.

Por ello, en Las Tres Vidas "hay un diálogo que tiene que ver con el libro 1984 y que es muy importante para la obra, porque habla de la ilusión de la salvación. Orwell dice que la salvación viene de los proletarios pero su libro prueba lo contrario, que los proletarios, si tienen pan y techo, no se sublevan, y que la revuelta viene de la clase media. Es un libro muy interesante porque Orwell, que era un conocido socialista, quizá casi sin saber escribe un libro donde dice que el socialismo no funciona", señala Tordo, recordando que él también es socialista y que su tesis de graduación en la universidad fue acerca de esa obra de Orwell.

Así, en Las Tres Vidas también se da un conflicto de clases. "El narrador viene de una familia modesta y de izquierdas, típica del Portugal de los años 80, y tiene enfrente a ese hombre que le dice que todo lo que cree acerca del mundo está equivocado".

De generaciones

Desde Luís Vaz de Camões hasta José Saramago, Portugal puede jactarse de ser una tierra de grandes escritores. Un universo literario donde -en la subjetiva y modesta apreciación de quien esto escribe- destaca por encima de todos la figura del poeta Fernando Pessoa.

Hoy, escritores jóvenes como José Luis Peixoto, Valter Hugo Mãe y el propio Tordo, parecen ratificar que, en materia de narrativa, hay Portugal para rato. Interrogado acerca de si se puede hablar hoy de algo que funcione como una generación -cosa tan cara y útil para la crítica literaria- Tordo responde de manera afirmativa.

"Creo que hay una generación de gente que ha empezado a publicar en el final del siglo veinte", asevera el autor, añadiendo a los ya nombrados al novelista y ensayista Gonçalo Tavares.
"Es un grupo de ocho o diez voces, y muchos hemos ganado el Premio José Saramago, que empezó a otorgarse en 1999, un año después de que él recibiera el Nobel. El premio Saramago ha enmarcado a esta generación. Los escritores que hora son nombres ya conocidos y establecidos en Portugal son los que lo ganaron". Para Tordo, ese galardón "acompañó par a par a esta generación".

Llegó Chega

La presente entrevista tuvo lugar en la mañana del jueves 10 de octubre, minutos después de que João Tordo aterrizara en Montevideo.

El domingo anterior, el Partido Socialista había triunfado en las elecciones legislativas de Portugal, votación que arrojó también un resultado inédito: por primera vez, un candidato de ultraderecha (André Ventura, del partido Chega!) obtenía un escaño en el Parlamento.

Interrogado sobre el tema, la primera reacción del escritor es de divertida sorpresa: "¡No puedo creer estar hablando de Ventura en Uruguay!", exclama risueño, para luego esbozar un racconto de la política y la economía de su país en los últimos tiempos.

"Los últimos cuatro años fueron de estabilidad económica, algo que hacía falta porque luego de la crisis 2009 – 2013 el país quedó como partido", explica, detallando cómo fue la situación en ese entonces. "Había crisis, pobreza, los comercios cerraban y los pueblos quedaban desiertos, la economía estaba en la mierda", recuerda.

En 2015, "los partidos de izquierda por primera vez se unieron y formaron una coalición a la que llamamos 'la geringonça' (jerigonza) que significa que es nada, una cosa que sirve para otra cosa". Para el autor, esa geringonça "trajo mucha estabilidad económica y hasta cierta prosperidad" algo que se hacía impostergable , "porque la época de austeridad fue tan dura que los portugueses no podían más".

En cuanto al escaño obtenido por la ultraderecha, recuerda que se da en medio de un preocupante ascenso de ese tipo de partidos en buena parte del mundo. A modo de ejemplo menciona el crecimiento de esa clase de fuerzas políticas en países europeos como Austria, Francia, Hungría y España, y también el encumbramiento fuera de Europa de figuras como Donald Trump o Jair Bolsonaro, personajes a los que califica como "pseudodictadores" y "pseudonazis".

En cuanto a Ventura, lo señala como alguien que ha construido un discurso con los elementos típicos de la ultraderecha, apelando, por ejemplo, a la xenofobia. Sin embargo, cree que se trata de un fenómeno aislado y que esa forma política no avanzará en el país.

"Portugal pasó por una dictadura muy larga y no lo ha olvidado. Por eso, creo que (la ultraderecha) no va a pasar de ahí. Se trata de un solo tipo (Ventura) que en cuatro años estará afuera, o al menos eso quiero creer. Seguimos siendo un país europeo que en este momento es un ejemplo de que las fuerzas de izquierda unidas puedan tener estabilidad. Eso es casi un milagro en una Europa donde está volviendo la derecha", concluye.

Montevideo Portal | Gerardo Carrasco
gcarrasco@montevideo.com.uy

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